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domingo, 21 de marzo de 2010

Poemario nocturno

Aquí dejo poesías con olor amargo y sabor a lavanda:


Poesía Descongelada

En aquellas caracolas podiamos escucharnos a nosotros mismos ahogando,
náufragos de mil tabernas con mares de humo y pulmones llenos de peces.
De aquellas mentiras puedo llenar enciclopedias,
pero hoy quiero versos en los que no te reconozcas
de tanto que te quise...
porque por ti fuí metiendo cada letra en ataudes pequeñitos,
con nombres pequeñitos,
con espinas inmensas

y noches, y días, y más noches
loqueando por cierta presencia que busqué con terrible miopía.

Aquellas caracolas seguirán siendo metáfora de garganta,
y yo seguiré desbordando imperativos en busca de agua;
exigencias que llevaban súplicas terribles en el centro de los ojos.

Y dejé de creer en las caracolas
el día que me vomitaron el mar por encima de los poemas;
así comenzé a guardar tus palabras en un "tupperware"
para verlas en el congelador y que no se me escapasen los silencios,
porque cierro la puerta y la luz promete quedar encendida,
y permanezco con la escuridad y con el miedo
buscando un cielo más allá de donde me llueves....

Y quien dice cielo dice techo
y quien dice techo dice memoria
y quien dice memoria dice que no diga nada más para que no te marches

para que no me dejes nunca.

Jueves

Grito cuando veo las cosas
Sé que no lo hago mal
Sé que no tiene sentido
No importa la fachada
Sólo me importa las palabras que pronuncias
Alquilando cuerpos y caras
Intentando que crezca en mí la pasión de Pasífae
Quién estuviera loca
Quién estuviera exenta de culpa en su enamoramiento
Quién pudiera gritar pariendo al Minotauro
Escribiré oxígenos en lágrimas
Y suspiros y abrazos
Para así poder ejercer como oxigenadora del enamorado
Oficio múltiple
Compenetrable con la existencia en el mundo
Con la recogida de arena
Y la observación de la arte y la gente en los cafés.


domingo, 17 de enero de 2010

Lazarillo de Tormes.

El Lazarillo de Tormes es una de las mayores obras de la literatura universal, publicada en el siglo XVI. Su autor es desconocido , quizás por el marcado carácter anticlerical de la obra. El lazarillo de Tormes inaugura el género de novela picaresca, es un referente literario y cultural.

Nos cuenta la historia de Lázaro , un pícaro, hijo de un molinero muerto y que se ve obligado a abandonar a su viuda madre para servir a varios señores. Ninguno de estos trata muy bien a Lázaro , con lo cual , éste debe de ingeniarselas para sobrevivir en un mundo tan cruel.

El pasaje que traigo a continuación trata sobre eso mismo , como se las ingenia Lázaro para engañar a un señor suyo , un ciego aváro y tacaño que no le da de comer ni beber:




Lázaro y el Vino.

Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido. Mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una paja larga de centeno que para aquel menester tenía hecha, la cual, metiéndola en la boca del jarro, chupando el vino, lo dejaba a buenas noches. Mas, como fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudó propósito y asentaba su jarro entre las piernas y atapábale con la mano, y así bebía seguro.

Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sutil, y, delicadamente, con una muy delgada tortilla de cera, taparlo; y, al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y, al calor de ella luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destilarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía, que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba nada. Espantábase, maldecíase, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.

-No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le quitáis de la mano.

Tantas vueltas y tientos dio al jarro, que halló la fuente y cayó en la burla; mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido.

Y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía; estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza, y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada de esto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.

Fue tal el golpecillo, que me desatinó y sacó de sentido, y el jarrazo tan grande, que los pedazos de él se me metieron por la cara, rompiéndomela por muchas partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quedé.


sábado, 14 de noviembre de 2009

La muerte de Celestina


La Celestina , obra de Fernando de Rojas. Lo más importante de la obra es la descripción de la sociedad española del siglo XV. En la historia aparece Calisto , joven enamorado de Melibea.

Al no ser correspondido , sus criados Pármeno y Sempronio le recomiendan que acuda a una alcahueta llamada Celestina.Estes hacen un trato para repartirse el dinero que le dé Calisto a Celestina para los tres.
Celestina enamorá a Melibea y Calisto le paga.
Cuando los criados van a reclamar su dinero, matan a Celestina y estos a su vez son muertos al escapa.

Las amantes de los criados contratan a un sicario , Centurio , para que mate a Calisto. Cuando Calisto está con Melibea y ve a Centurio se asusta y cae por una ventana. Melibea se suicida por amor.


La Muerte de Celestina



SEMPRONIO.- Yo dígole que se vaya y abáxasse las bragas: no ando por lo que piensas. No entremetas burlas a nuestra demanda, que con esse galgo no tomarás, si yo puedo, más liebres. Déxate comigo de razones. A perro viejo no cuz cuz. Danos las dos partes por cuenta de quanto de Calisto has recebido, no quieras que se descubra quién tú eres. A los otros, a los otros, con essos halagos, vieja.


CELESTINA.- ¿Quién só yo, Sempronio? ¿Quitásteme de la putería? Calla tu lengua, no amengües mis canas, que soy vna vieja qual Dios me hizo, no peor que todas. Viuo de mi oficio, como cada qual oficial del suyo, muy limpiamente. A quien no me quiere no le busco. De mi casa me vienen a sacar, en mi casa me ruegan. Si bien o mal viuo, Dios es el testigo de mi coraçón. E no pienses con tu yra maltratarme, que justicia ay para todos: a todos es ygual. Tan bien seré oyda, avnque muger, como vosotros, muy peynados. Déxame en mi casa con mi fortuna. -109- E tú, Pármeno, no pienses que soy tu catiua por saber mis secretos e mi passada vida e los casos, que nos acaescieron a mí e a la desdichada de tu madre. E avn assí me trataua ella, quando Dios quería

PÁRMENO.- No me hinches las narizes con essas memorias; si no, embiart'e con nueuas a ella, donde mejor te puedas quexar.

CELESTINA.- ¡Elicia! ¡Elicia! Leuántate dessa cama, daca mi manto presto, que por los sanctos de Dios para aquella justicia me vaya bramando como vna loca. ¿Qué es esto? ¿Qué quieren dezir tales amenazas en mi casa? ¿Con una oueja mansa tenés vosotros manos e braueza? ¿Con vna gallina atada? ¿Con una vieja de sesenta años? ¡Allá, allá, con los hombres como vosotros, contra los que ciñen espada, mostrá vuestras yras; no contra mi flaca rueca! Señal es de gran couardía acometer a los menores e a los que poco pueden. Las suzias moxcas nunca pican sino los bueyes magros e flacos, los guzques ladradores a los pobres peregrinos aquexan con mayor ímpetu. Si aquella, que allí está en aquella cama, me ouiesse a mi creydo, jamás quedaría esta casa de noche sin varón ni dormiríemos a lumbre de pajas; pero por aguardarte, por serte fiel, padescemos esta soledad. E como nos veys mugeres, hablays e pedís demasías. Lo qual, si hombre sintiessedes en la posada, no haríades. Que como dizen: el duro aduersario entibia las yras e sañas910.

SEMPRONIO.- ¡O vieja auarienta, garganta muerta de sed por dinero!, ¿no serás contenta con la tercia parte de lo ganado?

CELESTINA.- ¿Qué tercia parte? Vete con Dios de mi casa tú. E essotro no dé vozes, no allegue la vezindad. No me hagays salir de seso. No querays que salgan a plaza las cosas de Calisto e vuestras.

SEMPRONIO.- Da bozes o gritos, que tú complirás lo que prometiste o complirán oy tus días.

ELICIA.- Mete, por Dios, el espada. Tenle, Pármeno, tenle, no la mate esse desuariado.

CELESTINA.- ¡Justicia!, ¡justicia!, ¡señores vezinos! ¡Justicia!, ¡que me matan en mi casa estos rufianes!

SEMPRONIO.- ¿Rufianes o qué? Esperá, doña, hechizera, que yo te haré yr al infierno con cartas.

CELESTINA.- ¡Ay, que me ha muerto! ¡Ay, ay! ¡Confessión, confessión!

PÁRMENO.- Dále, dále, acábala, pues començaste. ¡Que nos sentirán! ¡Muera!, ¡muera! De los enemigos los menos

CELESTINA.- ¡Confessión!


viernes, 30 de octubre de 2009

Coplas y Sonetos


COPLA XXIII

Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
e varones
como vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,
e traspones?
E las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerça, las atierras
e desfazes.






SONETO XXXIV


Gracias al cielo doy que ya del cuello
del todo el grave yugo he desasido,
y que del viento el mar embravecido
veré desde lo alto sin temello;

veré colgada de un sutil cabello
la vida del amante embebecido
en error, en engaño adormecido,
sordo a las voces que le avisan dello.

Alegraráme el mal de los mortales,
y yo en aquesto no tan inhumano
seré contra mi ser cuanto parece:

alegraréme como hace el sano,
no de ver a los otros en los males,
sino de ver que dellos él carece.



Garcilaso de la Vega

domingo, 16 de agosto de 2009

Lectura


La lectura , una fuente básica para el conocimiento humano. Sin duda se han escrito muchos libros , eso esta claro , pero desde luego muy pocos son grandes obras de la literatura universal y aun menos libros nos han hecho reflexionar.

Este año, en clase de literatura hispanica , hemos dado la literatura española contemporanea , desde el romanticismo dieciochesco hasta las nuevas corrientes literarias. Muy aburrido todo y estudiarlo aun mas , sin embargo , la hora en la que la profesora traía pedazos de obras. Podría traer obras sin importancia y muy aburridas , sin embargo tenía el don de seleccionar algunos de los mejores textos que he leído en mi vida. Hoy quiero compartir uno romantico con vosotros (romantico porque es del romanticismo) :

Se títula "El estudiante de Salamanca" y es de Espronceda , un escritor español.


Era más de media noche,
antiguas historias cuentan,
cuando en sueño y en silencio
lóbrego envuelta la tierra,
los vivos muertos parecen,
los muertos la tumba dejan.
Era la hora en que acaso
temerosas voces suenan
informes, en que se escuchan
tácitas pisadas huecas,
y pavorosas fantasmas
entre las densas tinieblas
vagan, y aúllan los perros
amedrentados al verlas:
En que tal vez la campana
de alguna arruinada iglesia
da misteriosos sonidos
de maldición y anatema,
que los sábados convoca
a las brujas a su fiesta.
El cielo estaba sombrío,
no vislumbraba una estrella,
silbaba lúgubre el viento,
y allá en el aire, cual negras
fantasmas, se dibujaban
las torres de las iglesias,
y del gótico castillo
las altísimas almenas,
donde canta o reza acaso
temeroso el centinela.
Todo en fin a media noche
reposaba, y tumba era
de sus dormidos vivientes
la antigua ciudad que riega
el Tormes, fecundo río,
nombrado de los poetas,
la famosa Salamanca,
insigne en armas y letras,
patria de ilustres varones,
noble archivo de las ciencias.
Súbito rumor de espadas
cruje y un ¡ay! se escuchó;
un ay moribundo, un ay
que penetra el corazón,
que hasta los tuétanos hiela
y da al que lo oyó temblor.
Un ¡ay! de alguno que al mundo
pronuncia el último adiós.





Imágenes terroríficas para aquella época en la que la gente tenía miedo de su propia sombra.


Tiempo

Minutos Mundanos